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Los pediatras recomiendan el uso racional de medicamentos ante la irrupción de gripes, resfriados y toses (14/Noviembre/2014)
•La llegada brusca de las bajas temperaturas, sumada al contacto constante entre escolares potencia la aparición de picos de gripe y resfriados en menores. •Un niño en edad escolar puede sufrir de 3 a 8 resfriados a lo largo de un año. •Se recomienda vacunar de la gripe a los niños mayores de 6 meses con ciertas enfermedades crónicas y condiciones de riesgo y a las personas con las que conviven. •El aporte de líquidos, la humidificación, los lavados nasales y el tratamiento de los síntomas con dosis adecuadas ibuprofeno o paracetamol atajan estas dolencias

La gripe y el resfriado común son infecciones víricas respiratorias frecuentes, con síntomas y signos comunes, aunque lo habitual es que la gripe se inicie de forma más brusca y se manifieste inicialmente como enfermedad más severa (fiebre superior a 38,5ºC, temblores y escalofríos, malestar general y cefalea, dolor de garganta, vómitos y dolor abdominal, además de tos frecuente y persistente).
En el resfriado, por el contrario, la afectación está más localizada en las vías respiratorias superiores (obstrucción y mucosidad nasal, estornudos, tos escasa) y suele presentarse con menor elevación de la temperatura. La gripe suele ocurrir de forma epidémica una vez por temporada, mientras que un niño en edad escolar o de guardería puede sufrir de 3 a 8 resfriados a lo largo de todo el año, con más frecuencia en los meses fríos.

Ambas infecciones son altamente contagiosas, especialmente entre personas que conviven en espacios cerrados, como puede ser el caso de los niños que pasan horas juntos en clase. Se transmiten por inhalación de gotitas de secreciones respiratorias suspendidas en el aire o al entrar en contacto directo con objetos que contienen estas secreciones, como pinturas, lapiceros, juegos de piezas o cubiertos compartidos durante el momento de la comida. El contacto a través de las manos se considera también una vía importante de transmisión de la enfermedad.

En la prevención de ambas infecciones debe darse importancia a las medidas higiénicas, fundamentalmente el lavado de manos y la evitación del contacto directo con el individuo infectado.
En el caso de la gripe, la principal estrategia de prevención –claramente eficaz y rentable- es la vacunación anual. Se recomienda vacunar de la gripe a los niños mayores de 6 meses con ciertas enfermedades crónicas y condiciones de riesgo (asma, enfermedades metabólicas, entre ellas la diabetes, enfermedades cardiovasculares, neuromusculares, y obesidad mórbida, trastornos que afecten a la respuesta inmune, síndrome de Down y consumo prolongado de aspirina) y a los convivientes (niños o adultos) con personas pertenecientes a alguno de los grupo de riesgo. Por encima de los 6 meses también se podría vacunar a los niños sanos cuando así lo decidan los padres o lo recomiende su pediatra.

Algunas de las complicaciones posibles de la gripe y de los catarros prolongados son la sinusitis, la crisis de asma, la otitis y la neumonía. Por eso, el niño con fiebre y síntomas gripales precisará atención pediátrica en las siguientes circunstancias:
1. Si la fiebre persiste más de 3 días a pesar de la administración de antitérmicos, aunque siempre ha de investigarse si estos han sido dosificados de forma adecuada según el peso del niño (no la edad).
2. Presenta dificultad respiratoria que no mejora tras los lavados nasales, tos persistente o en aumento.
3. Dolor de oído.
4. Sensación de enfermedad grave: afectado en su estado general, apático o letárgico.
5. Si vomita repetidamente, rechaza el consumo de líquidos o presenta algún signo de deshidratación.
6. Ante una crisis cerebral febril o cualquier otra manifestación neurológica.
7. En cualquier caso que presente fiebre elevada y desconozcamos la causa.

En cuanto a las medidas terapéuticas, si recomendamos el aporte adecuado de líquidos y la humidificación ambiental ayudaremos a prevenir la deshidratación y a facilitar la eliminación de secreciones; además, en los más pequeños los lavados nasales con aspiración de moco permiten una respiración cómoda y acortan la duración del proceso. Pero es el tratamiento sintomático el que se justifica en todos los casos, especialmente evitando o disminuyendo la fiebre, aliviando el malestar general y la cefalea. Para ello, tanto el ibuprofeno como el paracetamol son seguros y eficaces. Se recomienda evitar el consumo de aspirina en niños o adolescentes durante episodios febriles que pudieran ser causados por el virus de la gripe, fundamentalmente porque se ha relacionado con la enfermedad de Reye, una situación rara que ocurre casi exclusivamente en menores de 18 años y causa daños hepático y cerebral severos. La tos es un mecanismo de defensa de la vía respiratoria que puede ser molesto y frecuentemente preocupa a los padres, aunque su tratamiento no siempre es necesario.

El tratamiento etiológico de la gripe con antivirales tiene unas indicaciones muy restrictivas y apenas se utiliza. Y siempre deberemos insistir en que los antibióticos no aportan ningún efecto beneficioso en el manejo de estas infecciones y que su consumo resulta perjudicial, tanto por sus posibles efectos adversos como por la selección de gérmenes resistentes frente a los mismos; sólo serán eficaces en el tratamiento de las sobreinfecciones bacterianas que pueden aparecer en el curso de la enfermedad.


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