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No todos los alimentos enriquecidos con omega-3 son iguales (15/Septiembre/2011)
En la naturaleza hay alimentos con una concentración elevada de omega-3, pero gran parte de la población, por desconocimiento u otros motivos, recurre a los productos enriquecidos sin valorar que su composición nutricional no es de idéntica calidad

Los ácidos grasos omega-3 son uno de los nutrientes más estudiados por los beneficios que han demostrado en diversas situaciones patológicas y/o fisiológicas. Las expectativas de los consumidores son claras en este sentido, asociando el consumo de omega-3 a la salud cardiovascular, por lo que está previsto un aumento del 15-20% de la producción y consumo de alimentos y suplementos dietéticos enriquecidos en omega-3. Sin embargo, no todos los alimentos contienen el tipo de omega-2 (EPA y DHA) que cumple funciones beneficiosas.

En un análisis comparativo de productos enriquecidos en omega-3 llevado a cabo por Eroski Consumer en 2005 (consultar al final de esta noticia), se constató algo que ya se sabía: algunos alimentos naturales son muy ricos en omega-3. Incluso se cuantificaron varios: 100 gramos de salmón fresco contienen alrededor de 5.000 mg de grasas EPA y DHA; la misma cantidad de bonito, unos 2.300 mg, y de trucha, cerca de 1.500 mg.
En cambio, el alimento enriquecido con mayor cantidad de estos omega-3, una grasa para untar (tipo margarina), contenía solo 528 mg/100 g, con el inconveniente añadido de que al ser un alimento tan graso, conviene consumirlo en poca cantidad, de forma que se limita el aporte de omega-3. Esto no ocurre con la ración de consumo de 150 g de pescados azules.

En el mismo análisis se detectaron deficiencias notables en la composición nutricional de algunos de los productos analizados. Un 26% carecían de grasas DHA y EPA, que son los ácidos grasos omega-3 destacados por sus cualidades preventivas y protectoras. Estos alimentos (un producto lácteo, una bebida de soja, un preparado graso a base de aceites refinados y un néctar de frutas) llevaban adicionado ácido alfa linolénico (ALA) que, aunque es un ácido graso omega-3, carece del efecto protector demostrado frente a las enfermedades cardiovasculares de los anteriores.

En cuestión de consumo de complementos dietéticos de omega-3, estos productos pueden ser interesantes en momentos puntuales de la vida, como la niñez, el embarazo y la lactancia, cuando está demostrado que su aporte, en una cantidad concreta, es una ayuda inestimable para el adecuado desarrollo del bebé y durante los primeros años de vida.

El valor seguro para el consumidor es que solo podrán acompañarse de declaraciones de propiedades saludables sobre el desarrollo cerebral y la salud visual de los niños aquellos productos enriquecidos en DHA y mensajes relacionados con la función cardiaca si llevan DHA o EPA, pero no otras fuentes de omega-3.


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VER ANÁLISIS COMPARATIVO 2005
 

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