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Suplementos: nunca en niños sanos y menos como sustituto de comidas (4/Octubre/2012)
Un abuso de estos complementos puede ser un factor de riesgo más de sufrir obesidad, ya que suelen contener un gran número de calorías, que, sumadas a su dieta habitual, favorecen un aumento de peso

Los suplementos vitamínicos no deberían darse a niños sanos ni mucho menos utilizarlos como sustitutos de comidas básicas como el desayuno y la merienda, algo que suelen hacer con frecuencia los padres de niños “malcomedores”. A falta de un estudio nacional que avale estas conclusiones, la experiencia clínica está demostrando que, dado que este tipo de compuestos incluyen un gran aporte calórico, su abuso podría derivar en un problema más grave: la obesidad.

La toma de este tipo de complejos vitamínicos, según los expertos, debería reducirse a niños con síndrome de intestino corto, con malformación congénita o peritonitis o bien problemas de absorción.
En casos de desnutrición la toma también podría reportar beneficios, ya que un reciente estudio sugiere que, pese a tener poco efecto en el peso de los niños, sí lo tendría en la talla.

Por otra parte, el uso de suplementos debe hacerse con unas indicaciones precisas y no de manera indiscriminada, y es que existe en el mercado una oferta creciente de este tipo de complejos, siendo pocos los estudios sometidos a una metodología rigurosa. Esta situación está provocando que se utilicen ampliamente en población pediátrica, muchas veces sin justificación.

En el caso de que los padres sospechen de un estado carencial en sus hijos nunca deberían recurrir a la automedicación con complementos, sino consultar al especialista para valorar el estado nutricional, y que éste sea quien establezca si realmente lo necesitan.

Es la preocupación de los padres al comprobar que sus hijos no comen o que sólo ingieren lo que les gusta la que les conduce a recurrir a estos nutrientes, que llegan a sustituir incluso comidas esenciales como la merienda o el desayuno.

En cuanto a los riesgos de esta ingesta, hay que señalar primero que la mayoría de estos complementos suponen un aporte extra de calorías, lo que favorece claramente la obesidad. Es más, este aporte extra provoca un desequilibrio entre la cantidad de proteínas, grasas e hidratos de carbono que favorece la enfermedad, según señalan los expertos.

A esto se añade que si la dieta de los niños de 1 a 3 años es deficitaria la situación se complica. En esta etapa, el 71% consume más calorías de las recomendadas diariamente y el 92%, más proteínas. La leche es la principal fuente de proteínas en un 29% de los pequeños.

Además, el exceso de calcio que también suelen contener estos complejos puede provocar problemas renales relacionados con cálculos. Otro peligro es que se acostumbran a tomar algo sin sentirlo, no lo paladean (suele ser en formato de batido) y al final no aprenden a comer y toman calorías sin control.

Por lo general, en las situaciones en las que el niño esté sano y con una dieta variada, siguiendo las recomendaciones de la pirámide alimenticia, no es preciso suplementar la dieta con ninguna vitamina. Por ejemplo, las adolescentes precisan altos niveles de hierro después de la menstruación, que no es preciso complementar si tienen una dieta normal y un gasto calórico regular.


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